Escritos de Miller Puckette (1)

Quién es el propietario de nuestros programas de computación?-un estudio de un caso en primera persona

Miller Puckette*

Abstract

La invención y la realización de una nueva técnica, que es el paradigma de los programas de computación, o de cualquier otra pieza extensa de trabajo puede demorar un período de una o incluso varias décadas. Sucede con frecuencia que el modelo de PI con el cual se inició el trabajo, cambia antes de que éste finalice -a veces más de una vez. Este artículo explora el desarrollo del paradigma Max/MSP/jMax/Pd, junto con otros desarrollos relacionados, desde 1980 hasta el presente. Comenzando con estos ejemplos, se intentan varias generalizaciones acerca de la cuestión del control de la posesión y de la PI que debería regir para el mundo de las artes.

1 Introducción.

Poco después de que el artista Christo Javacheff terminó de envolver con un paño el Point Neuf en París, aprendimos que no teníamos el derecho para fotografiarlo. Todas las imágenes del trabajo de encubrimiento eran reproducciones de un trabajo artístico y los derechos de éste eran controlados por el propietario de ese trabajo. Tan minuciosamente ha excavado el concepto de “droit d’auteur” en el consumidor de cultura francés, que este reclamo no fue cuestionado – a pesar del hecho de que el objeto que nos fue prohibido fotografiar era el puente en pie más antiguo de París (1606).

La misma idea de que una noción podría ser original, y que esta debería así reflejar la gloria sobre su progenitor, puede ser más reciente que el Pont Neuf. Incluso más nueva -y más original- es la idea de que una vez ha tenido usted una idea, esta entonces podría (o incluso debería) pertenecerle. Esto es lo referido en la frase “Propiedad Intelectual” (PI).

Por ejemplo, aquí hay una idea: GHQWJD. Esto no se muestra en Google de tal manera que puedo reclamar su invención. Sin embargo sólo consiste de las letras G, etc, las cuales no son ellas mismas nuevas de ninguna manera -lo único nuevo es la yuxtaposición particular de seis de ellas. Podríamos hacer una pausa aquí para hacer ponencia de las cuestiones obvias y ontológicamente oscuras que esto conlleva. Pero hay también una cuestión más materialista: qué, precisamente, están protegiendo si prohiben a algún competidor mío arreglar sus propias letras G, H, Q, W, J y D, en el mismo orden? Y aún así esto es exactamente lo que los inventores y protectores de la PI buscan controlar.

Yo podría caminar en una tienda de comestibles, rearreglar sus bananas, y ser acusado de: (1) destrucción de su PI (el arreglo previo); (2) el robo de la PI de alguien, de manera accidental o a propósito, al recrear de alguna manera un aspecto de SU manera de arreglar las bananas (u otra cosa que no sean bananas); (3) la comunicación de un mensaje subversivo o incluso revelar un asunto o secreto gubernamental. Yo digo que lo único que hice fue mover algunas bananas, no debería ser libre de hacerlo?

2 Programas de computación

Los programas de computación han sido siempre tratados como PI, protegidos por las leyes del “copyright”. (La noción de las patentes de programas de computación -una modalidad nueva de protección de la PI para los programas de computación- ha penetrado furtivamente en la fotografía, gradualmente, en las pasadas tres décadas aproximadamente.) El uso de las protecciones de la PI en los programas de computación ha generado toda clase de distorsiones en la manera en que estos programas se producen y se consumen. En lugar de refeir la gran historia, usaré mi propia experiencia con la PI de los programas de computación como ejemplo. Mi trayecto en el movimiento del código abierto viene al caso debido a que fuí quemado por el viejo modelo.

Cuando al principio escribí el programa ahora conocido como Max, en 1988, mi cheque de pago llegó del IRCAM. Pero muchas ideas detrás de Max habían sido desarrolladas en el MIT, y muchas más fueron adaptadas del trabajo de otros investigadores. El código, por lo menos, casi con certeza pertenecía al IRCAM. El IRCAM había tratado de capitalizar este trabajo enérgicamente, con algunos resultados al principio, pero con más resultados negativos después.

Los efectos negativos de la sobre-protección del IRCAM fueron de tres tipos. El más evidente fue una caída de la reputación del IRCAM entre los investigadores (aun cuando como una instalación para la producción, el IRCAM todavía goza de ser un alto referente en el mundo). El segundo, fue que los investigadores en el IRCAM le perdieron afecto debido a la dificultad de hacer conocer sus trabajos a la gente externa al IRCAM. Siendo el respeto profesional la moneda más imprtante para el investigador, éste puede ser un factor de primer orden en la decisión de un empleado para quedarse o salir. Finalmente y de manera más sutil, el IRCAM mismo corta los más excitantes y nuevos desarrollos en las artes electrónicas al construir una pared virtual entre él mismo y el resto del mundo digital. Esto se evidenció por las fortunas diferentes que corrieron jMax, el “nuevo Max” del IRCAM, y Pd. Pd fue abrazado al instante por una completa y extremadamente enterada comunidad de usuarios, quienes han llevado mucho más allá de mis sueños más salvajes a aquél; ver por ejemplo la convención puredata.org para los desarrollos recientes en 2004. La comunidad de jMax en contraste fue pequeña y anémica.

Todo esto no implica necesariamente el fallecimiento inminente del IRCAM como entidad para la investigación. Con recursos que no tienen paralelo en cualquier institución en el mundo, la situación del IRCAM podría voltearse si sus políticas de PI se ajustaran para quedar en línea con las que maneja hoy en día la comunidad de investigadores a nivel internacional.

Regresando a mi propia historia, dejé el IRCAM, y cuando quedó claro que ellos no permitirían trabajos míos posteriores en Max para diseminarlos, lo comprendí y comencé con un proyecto nuevo, Pd. (Un significado de Pd era “Public Domain” -Dominio Público.) Esto fue posible hacerlo debido a que trabajaba para una universidad en Estados Unidos que no pone reclamaciones por mi trabajo de la misma manera que el IRCAM lo hacía. Sin embargo, conseguí este trabajo en una universidad en Estados Unidos en parte por la reputación que había ganado desde que escribí Max en el IRCAM! Claramente algo de la PI de Max quedaba con el código fuente, algo de éste era público (como un resultado de los artículos que escribí acerca del trabajo de investigación) y algo de éste estaba atorado de alguna manera en mi cuerpo físico. Cómo decidimos cuál parte queda en dónde?

3 Arte

Los artefactos del arte pueden tener un propietario, pero el ‘arte digital’ mismo no es intrínsecamente propiedad de nadie. Estas son malas noticias para los compositores, por ejemplo, a quienes obviamente les gustaría ser los propietarios de sus partituras. Ellos en realidad son los propietarios del papel y de la tinta sobre éste, pero el trabajo existe únicamente como una manera de arreglar cosas, no en las cosas mismas, y de esta manera no puede tener propietario. Los compositores y otros artistas digitales deben sobrevivir por el mecanismo de la atribución. Era así en realidad como operaba J. S. Bach; la intervención de los años, dominados por la prensas de impresión física y su resultado, pueden haber sido vistas como una aberración, ahora llegando a su final.

Este final brindará grandes ventajas a los músicos. Retornando al IRCAM, considere el destino de un compositor que ha realizado su trabajo allí, por decir en los años 90. Por muchos años los trabajos de Boulez y Manoury estuvieron atrancados en los computadores y los programas de propiedad del IRCAM. La propiedad de los materiales mismos (por ejemplo el parche ISPW con el que se realiza el Pluton de Manoury) eran del compositor, pero los archivos de computación no servían sin la infraestructura del IRCAM -tanto las máquinas como los expertos humanos- para convertirlos en música.

Dado que esta situación ahora cambió (con Pcs más poderosos que el alguna-vez-poderoso ISPW del IRCAM ahora costando mucho menos que los micrófonos y los parlantes requeridos para la ejecución), el escenario está ajustado para una distribución más amplia de las realizaciones del IRCAM. Ya sea que se haga libremente o bajo algún tipo de restricción de copia, esto lo puede decidir ahora el compositor (aun cuando el editor del compositor puede poner sus restricciones). Una aproximación posible a la divulgación del trabajo de los compositores es explorado en mi propio Pd Repertory Project -Proyecto de Repertorio Pd (http://www.crca.ucsd.edu/~msp/pdrp/latest/) el cual incluye entre otros materiales, dos realizaciones que vienen del IRCAM. (Los parches actuales sin embargo han sido eliminados, ante la insistencia del IRCAM; espero aclarar esto en el futuro.)

Amenaza esto al IRCAM? No lo creo de ninguna manera. En realidad, los compositores en los viejos días estaban usualmente poco dispuestos a realizar música en el IRCAM, sabiendo que el IRCAM podría entonces controlar cualquier posibilidad de ejecutar la música. Muchas piezas comisionadas al IRCAM tuvieron muy pocas ejecuciones por esta razón. Sin embargo el IRCAM posee otra forma de conocimiento de mucho más valor que la sola posibilidad de ejecutar la música de compositores. Se trata de la experiencia colectiva del personal del IRCAM -un tesoro que es poco probable que pueda ser recreado en ninguna parte del mundo, enteramente no digital y no duplicable. Ellos necesitan comprender cómo hacer uso de su verdadero capital. Es poco probable que la respuesta se la acumulación de su PI.

Pienso que una de las cosas más interesantes que encontraré en la década siguiente es que las comunidades extensamente conectadas digitalmente pueden rivalizar con las físicas, las que al extenderse, en cambio, mejorarán. Las conferencias (tales como ISEA!) me parecen todavía escenciales, y sin embargo se vuelven más valiosas mientras la posibilidad de conexión entre las reuniones físicas amplifica su significancia y potencia.

4 Fijar el precio

La PI es en el fondo un intento de enganchar dos monedas: la material y la de las ideas e información. Los bienes físicos sólo pueden estar en posesión de una persona a la vez. Si tengo una barra de pan, todavía tengo que trabajar para producir una segunda e idéntica barra. Si dos personas quieren la misma barra, ambas no la pueden tener. Lo material obedece a las leyes de la conservación.

La información y las ideas no obedecen a ninguna ley de la conservación; son más las ideas que pueden salir de un sistema que las que entraron. La información, en la forma de una secuencia de bits por ejemplo, puede ser copiada tantas veces como desee, casi sin ningún costo. Si pensamos en términos de suplir una demanda, el suministro de copias del CD más nuevo de Madonna es infinito, de tal forma que el precio natural y no regulado es cero.

La PI hace efectivamente cero un costo en moneda de mercancía al hacer que las copias sean artificialmente escasas. Todos los billones de dólares que vale el “software”, intrínsecamente no valen absolutamente nada, y la ley de la PI lo único que propone es que éste cueste dinero en lugar de ser gratis.

Si bien es el gran distribuidor el que tiene el bolsillo prácticamente lleno de dinero, los artistas tienen la culpa al inventar la idea de que su trabajo debe venderse de esta manera. SACEM, después de todo, fue hecho por compositores, si bien ahora este (y ASCAP, BMI, etc) hacen casi todo su trabajo para los distribuidores. Christo está defendiendo vigorosamente su derecho por ser el único poseedor de las fotos de postal del Pont Neuf revestido, pero de hecho él está, aún sin saberlo, contribuyendo a la comercialización de un arte que ya tiene un alto grado de comercialización en el mundo.

La actual aproximación legal a la PI confunde dos tipos de posesión: la propiedad y la configuración. La propiedad debe ser física -no podemos apropiarnos de cosas por el solo hecho de que como objetos físicos estén yuxtapuestos, si bien podemos apropiarnos de los objetos físicos mismos y tener el derecho de reclamar cuando alguien cambie su arreglo físico sin nuestro consentimiento. Ciertamente no deberíamos permitir la reparación legal si alguna otra persona escoge arreglar sus objetos físicos -sus bananas o los bits de sus discos duros- de una manera similar a como hemos dispuesto los nuestros.

Es irónico que los investigadores y los artistas se encuentren ahora ellos mismos atrapados en sus propios esfuerzos para hacer que sus creaciones tengan valor monetario en la forma de PI. Los investigadores (como yo) somos seducidos con demasiada facilidad por la promesa de las ganancias materiales recogidas de nuestro trabajo. Los artista (tales como Christo en mi ejemplo anterior) caen en la misma trampa. Ambos eventualmente pierden el control sobre su propio trabajo.

Solucionar esta situación requerirá una revaluación cuidadosa de cómo utilizamos la PI y la atribución hoy en día. Necesitamos un nuevo conjunto de normas que protejan a los creadores de “contenido” sin atar el valor monetario a los bits que se utilizan para transmitir su resultado. Los artistas y los investigadores somos quienes más lo necesitamos, y debemos estar activos haciendo y manteniendo seguro el espacio de la información para trabajar en él.


* CRCA, Cal(it)2, UCSD. Reimpreso de Proceedings, ISEA 2004, pp. 200-202.



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